“Llora como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre”. La frase de la madre de Boabdil a su hijo, el último rey moro de Granada, tras perder la Alambra y su reino me vino a la memoria cuando vi al patrón del Team Toyota F1 llorar casi a moco tendido cien tras Akiro Toyoda anunciaba el retiro de la marca de la F1.
Supongo que esta primera impresión personal es del todo errónea puesto que está basada en los puntos de vista occidentales y los patrones de conducta japoneses son muy distintos. Tanto que, desde su peculiar punto de vista, las tres grandes marcas niponas involucradas en la F1 han anunciado en muy poco tiempo su marcha y todas por idénticos motivos.
Japón es un país que para nosotros es un tanto extraño. Allí las formas importante tanto –más incluso- que el fondo. Y en una estructura societaria casi de paternalismo de la empresa hacia sus empleados y de fidelidad de éstos hacia su empleador, sólo cabía una elección honorable: la retirada.
Desde nuestro punto de vista occidental, Toyota no podía permitirse haberse encaramado hasta ser líder de los constructores y fracasar en F1. Lo de menos para ellos era el no ganar, aunque sin duda influyó. Lo más importante era que consideraban inviable el gasto santuario de la F1 en el momento en el que a la vez tenían que acometer por vez primera despidos, cierres y regulaciones. Y por si fuera poco, ha decidido apostar por el medio ambiente, aceptar el desafío más importante que tiene planteado.
Ganar o perder es una cosa. Las lágrimas de Tadashi Yamashita no eran por eso. Sino porque estimaba que el equipo había caído por la única causa inaceptable: el deshonor. Eso que en otros tiempos llevaba al Harakiri.
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